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Los psicólogos tenemos la obligación de garantizar que el servicio que prestamos sea eficaz y realmente resuelva los problemas de las personas, grupos y organizaciones que lo solicitan. Mediante la certificación profesional podremos demostrar a la sociedad que nuestros conocimientos y destrezas son actuales y útiles para resolver los problemas a que los que la profesión nos enfrenta. La certificación se realizará mediante el examen Único para Certificación Profesional en Psicología (EUC-PSI). Examen que se ha diseñado de acuerdo con las competencias básicas que han manifestado los psicólogos profesionales necesarias para ejercer la profesión, independientemente del dominio en el que se desempeñen y del grado académico logrado. Representa el requisito para la recertificación.

La recertificación se realizará mediante la educación continua. El psicólogo deberá demostrar cada cinco años el haber recibido formación, actualización o capacitación en el dominio de su especialidad. La educación continua desempeña así un papel fundamental en la formación a lo largo de la vida, que permite al psicólogo actualizarse continuamente para prestar un servicio de calidad.

De entre las profesiones, la de la psicología conlleva grandes responsabilidades. Cuando se aplica correcta y responsablemente, la psicología, como disciplina científica que incide en el funcionamiento de las personas, grupos, organizaciones, comunidades, tiene el potencial de resolver con éxito una gran diversidad de problemas humanos. No obstante, cuando el profesional de la psicología no es competente, aplica intervenciones e instrumentos obsoletos o inútiles, o cuya eficacia no se haya demostrado convincentemente, los emplea para propósitos diferentes a los que perseguía su construcción, o se basa en teorías acabadas e inamovibles, expone muy probablemente a quienes se ponen en sus manos a graves daños, en ocasiones irreversibles. Los riesgos subyacentes a la incompetencia profesional, no sólo actúan en detrimento de los individuos que se someten a ellas, sino también de sus familias, su comunidad, y la sociedad en general.

 Son diversas las circunstancias a las que se ha expuesto la psicología como disciplina a lo largo de su corta vida como profesión. Históricamente, la enseñanza de la psicología se inició en las escuelas de filosofía. A diferencia de la medicina que nació del modelo del aprendiz, basado en la enseñanza preponderantemente práctica, la psicología encuentra su origen en la enseñanza de conceptos y teorías filosóficas. En medio de una amalgama de influencias filosóficas y teorías psicológicas, se creó el primer programa de formación profesional, la licenciatura en psicología, en 1960, en la Universidad Nacional Autónoma de México. Incongruente con su propósito explícito que era formar psicólogos profesionales, este programa se basó realmente en un currículo orientado a la enseñanza de conceptos mediante clases tradicionales tipo conferencia, sin apartarse de la tradición filosófica de la que partió. En la década de los sesenta, cuando comenzó la expansión de la psicología mexicana contemporánea, cuando proliferaron otros programas de formación de psicólogos profesionales, tanto públicos como privados en todo el país, el programa de licenciatura de la UNAM se convirtió en el modelo a seguir (Hernández-Guzmán & Sánchez-Sosa, 2006).

Actualmente, existen más de 800 programas a nivel de licenciatura que forman psicólogos. Lamentablemente, la calidad de la gran mayoría es dudosa, debido el lucro antecede a la responsabilidad de dotar a sus egresados de las herramientas profesionales idóneas para prestar un servicio de calidad. Por otra parte, cada vez más egresados echan mano de las nuevas disposiciones que permiten la sustitución del examen  profesional por un examen de conocimientos con el objeto de agilizar la titulación y aumentar la eficiencia terminal. La consecuencia inmediata es que se ha inundado el campo profesional de psicólogos titulados quienes, en el mejor de los casos, practican una psicología mediocre. Representan así un grave peligro para aquéllos que caen en sus manos.

 

Así, una gran cantidad de programas de formación de psicólogos en México hoy en día, en su intento por formar psicólogos profesionales, dotan a sus alumnos de escasas herramientas de intervención profesional. Han soslayado y soslayan el equilibrio e interrelación necesarios entre la enseñanza de conceptos y teorías, por un lado, y de destrezas y habilidades profesionales, por otro.

Este patente desequilibrio teórico-práctico ha sido devastador para el ejercicio de la profesión. El predominio de conceptos, muchas veces desarticulados unos con otros, no garantiza el manejo de herramientas profesionales, a la vez que promueve y agudiza el divorcio existente entre la enseñanza de la psicología y el ejercicio profesional. Un estudio realizado por la Sociedad Mexicana de Psicología (Hernández-Guzmán, 2007), en el que se encuestó a psicólogos en el ejercicio de la profesión de toda la República, reveló que el egresado de la licenciatura adquirió durante su formación solamente el 30% de las competencias profesionales que su trabajo le exige. Este resultado es el mismo, independientemente del área de aplicación de la psicología en la que desempeñen los encuestados.

Por otra parte, el desacuerdo entre lo que se enseña y las competencias profesionales que el psicólogo manifiesta requerir para realizar su trabajo ha dado lugar al crecimiento desmedido de servicios de Educación Continua que persiguen principalmente el lucro y que han fracasado en su intento por cumplir su cometido de actualización y capacitación profesional.

Para que sea posible el crecimiento sano de la psicología profesional, es precisa una transacción constante entre la formación y la actuación profesional. A la vez que los planes y programas de formación de psicólogos impactan el campo profesional al inundarlo de profesionales de la psicología, el campo profesional debe retroinformar y nutrir a los planes y programas mediante la regulación profesional. Se trata pues de una relación bidireccional y recíproca de efectos mutuos. Esta relación es también dinámica, es decir se encuentra en constante evolución, pues la problemática social cambia y presenta nuevos problemas y retos qué atender, a la vez que la psicología científica ofrece nuevos hallazgos que impactan el desarrollo de técnicas y herramientas profesionales cada vez más útiles y eficaces.

            Es por esto que los colegios de profesionales de la psicología enfrentan la responsabilidad ineludible de regular el ejercicio de la psicología y pugnar por el buen desempeño de quienes ostentan el título de licenciado en psicología. Al no contar con una regulación tanto de los programas de formación, como del ejercicio de la profesión, la psicología enfrenta actualmente serios problemas. El psicólogo es generalmente objeto de desprestigio profesional, pues en muchos casos carece de los conocimientos, habilidades y destrezas necesarios para resolver eficazmente los problemas humanos que su trabajo conlleva. Los usuarios de los servicios psicológicos y los propios psicólogos están expuestos a: (a) la intrusión de otras disciplinas con menores contribuciones, (b) la actuación de personas que, sin ser psicólogos, desempeñan el trabajo de los psicólogos, (c) psicólogos que incursionan en campos en los que no recibieron formación suficiente y (d) la ignorancia de la sociedad acerca de los problemas que el psicólogo podría resolver.

            El CoMePPsi se ha propuesto participar en la regulación del ejercicio de la psicología como profesión y de la Educación Profesional Continua que se ofrece a los psicólogos para su capacitación y actualización. Para ello, propone los mecanismos que permitirán certificar a los psicólogos que cumplan con la responsabilidad de formarse y actualizarse permanentemente. La certificación garantiza así que los individuos profesionales sean competentes y permanezcan actualizados para ejercer la profesión eficaz y responsablemente. El aseguramiento de la calidad profesional es pues una necesidad que busca garantizar la competencia profesional del psicólogo.

 Para asegurar la calidad de los servicios profesionales que ofrece el psicólogo, éste debe asumir la responsabilidad de seguir formándose a lo largo de su vida profesional, comprender que lo aprendido en la escuela no es suficiente y que su obligación es mantenerse actualizado para ofrecer un servicio competente a la sociedad. Representa así, la educación profesional continua el vehículo que permite proteger al usuario de los servicios psicológicos, y a los propios psicólogos de la competencia desleal de personas no capacitadas.

            Por otra parte, la actuación de un gremio que no se preocupa por garantizar la calidad del servicio que ofrecen sus agremiados deja sin atender responsabilidades éticas importantes. Incurre en faltas éticas si no garantiza que sus agremiados ofrezcan la mejor atención disponible, pues tendrán un impacto adverso en la vida, salud, patrimonio y seguridad de los usuarios de sus servicios.

Todo ejercicio de evaluación conlleva necesariamente influencias que afectan al objeto evaluado. Se espera que la certificación impacte a la formación profesional a partir del entorno social y de sus propios egresados. La realimentación vertida desde la evaluación de la actuación profesional del psicólogo que egresa de los programas de formación profesional permitirá reorientar o fortalecer esos programas.

            La forma en que los sistemas de certificación interactúan íntimamente con la formación profesional es mediante el perfil profesional. La certificación basada en un perfil profesional que refleje la actuación del psicólogo desempeñando habilidades sustentadas en el conocimiento psicológico obliga a innovar en lo relativo a procedimientos de evaluación del desempeño del profesional de la psicología. Será fundamental evaluar si este profesional resuelve los problemas propios de la psicología, basado en conocimientos actuales, empleando herramientas eficaces y adhiriéndose a los principios éticos que rigen el funcionamiento del psicólogo.

Dada su naturaleza práctica, el ejercicio profesional del psicólogo entraña no sólo conocimientos, sino habilidades prácticas. Es posible identificar estas habilidades prácticas en todos los ámbitos de acción del psicólogo. La destreza para comunicar, para relacionarse con los demás, para resolver problemas, para promover cambios en la conducta y en las circunstancias que rodean a las personas, son habilidades que comparten todas las áreas de la psicología y que no es posible formar mediante la mera enseñanza de conceptos. Tampoco es posible evaluarlas mediante la mera aplicación de cuestionarios e instrumentos que a lo más puedan medir la solución de ciertos problemas.

La psicología es una ciencia, como tal, su ejercicio profesional se alimenta y transforma constantemente a partir de los avances científicos y tecnológicos. Por lo tanto, la Educación Profesional Continua no puede abstraerse de las contribuciones de la ciencia psicológica al avance profesional.

El papel que desempeña un perfil profesional válido para la certificación es crucial, pues describe las habilidades, conocimientos y actitudes que el psicólogo requiere para desempeñar con éxito la profesión.

            Existe, una relación íntima entre la competencia profesional y el bienestar del usuario. ¿Qué significa un psicólogo certificado? Que es profesionalmente competente, que atiende capaz y eficazmente las demandas del entorno social, que se basa en conocimiento actualizado, pues echa mano de las herramientas profesionales que aportan resultados ya probados, y se compromete con la aplicación de los principios y normas de la ética profesional en su trabajo diario.

El nivel más alto de competencia profesional es el producto de una sucesión de cambios duraderos dados por la interacción entre la historia personal del psicólogo para ejercer la profesión y sus características personales. Sus experiencias profesionales se entienden como un proceso de desarrollo a lo largo del cual elaborará y aumentará sus características funcionales, y las integrará como una unidad personal coherente, de organización y funcionamiento estructural. Las competencias profesionales son, pues, sistemas dinámicos en los que interactúan continuamente conocimientos, habilidades, valores, actitudes con la historia y características personales del psicólogo profesional. Éstas se afinan y perfeccionan como parte de un proceso de desarrollo a lo largo de la vida profesional mediante la Educación Profesional Continua atingente, éticamente responsable y comprometida con el bienestar de la sociedad.

 

Conclusión

            En comparación con otras disciplinas, la psicología como profesión es muy joven. A lo largo de su historia ha enfrentado obstáculos que han entorpecido su desarrollo, enseñanza, impacto social y concreción como profesión. El ejercicio de regulación profesional en psicología que ha emprendido el CoMePPsi gira alrededor de un precepto básico que es la protección de los usuarios de los servicios psicológicos.  El ejercicio de la psicología como profesión conlleva la necesidad de ofrecer servicios de calidad y eficaces. La profesionalización de la actividad psicológica entraña la educación continua de los profesionales para que presten un servicio que resuelva los problemas que aquejan a los individuos y a la sociedad. La certificación, que busca asegurar que cada individuo que ejerza la psicología como profesión sea competente y esté actualizado, echa mano de la educación continua para asegurar que el psicólogo se mantenga actualizado y competente profesionalmente. Los programas de Educación Profesional Continua deben adecuarse constantemente a las demandas sociales y al progreso de la disciplina basado en la investigación sólida sobre nuevas técnicas y herramientas profesionales. Por lo tanto, es preciso contar con criterios de calidad que permitan regular la oferta de educación continua en psicología.

La certificación de los psicólogos actuará en beneficio, no sólo de la población y de los usuarios directos de los servicios que ofrecen, sino de los programas de formación profesional, del gremio de los psicólogos, de la sociedad en pleno y de la disciplina misma.

En el congreso

Congreso Mexicano de Psicologia

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